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Sexología

Descubriendose

El arte de hacer el amor
Es sabido que para muchos hacer el amor es un arte, el solo hecho de contemplarse desnudos, el uno al otro, nos lleva a infinitas sensaciones de goce que se multiplican infinitamente si se agregan caricias, besos y abrazos en el momento de la relación sexual. Es hora de usar la creatividad el animarse a que haya un dialogo con tu pareja para saber lo que a ambos les gusta es imprescindible para una satisfactoria relación sexual. La estimulación de la zonas erógenas, de excitación en la mujer son la boca, a través de los besos, ya sean suaves o apasionados, desde el nacimiento del cabello hasta la frente, las sienes, las cejas, los párpados y las mejillas. El lóbulo de la oreja, el cuello, los senos y el área alrededor del ombligo. Como también el clítoris donde la sensibilidad y el placer se unen. En cambio para el hombre, las caricia son los genitales, son estímulos que provocan una excitación inmediata. Los hombros, las palmas de la mano, la espalda, el pecho y los pezones son sus otros puntos débiles en la intimidad. Los juegos sexuales previos al coito son fundamentales para ambos, extendiendo los besos y las caricias por todo el cuerpo, descubriéndose, sin pudor para llegar a la verdadera esencia de cada uno. Recuerda mientras más se prolonguen los juegos sexuales mejor será el resultado final.


La sexualidad es un concepto novedoso, si consideramos que la teoría sexual donde se formula cómo amamos y qué deseamos se produjo, hace poco más de cien años (1905) Tal vez por eso se sigue confundiendo lo sexual con lo genital, o se piense que los niños carecen de sexualidad o pidamos amor cuando queremos sexo.
La sexualidad es tan natural como la inteligencia o el odio. Es decir todo, absolutamente todo, se construye (todo es artificial en el humano) y cuando le ponemos al crecimiento: vergüenza, pudor o repugnancia, estamos hablando de moral en lugar de la ética del deseo. Es diferente la regulación de los modelos ideológicos del estado, aquellos que dictan los que está bien y lo que no es políticamente correcto, aquellos que transmiten cómo hay que amarse, en que momento hay crisis sexual o qué barbaridades realizar para hacerse famoso. El erotismo es totalmente diferente de la pornografía, sin embargo se transmite perversamente a la población, una confusión incestuosa, a través de los medios de difusión.
Modelos ideológicos de los que no podemos escapar, como tampoco se puede negar el gran poder de la especie muy superior al deseo del sujeto, ya que la especie impone la reproducción para perpetuarse, no importándole de qué manera se consigue o que lo ocurre a los sujetos en ese proceso. En 1905, el doctor Sigmund Freud, escribió “Tres ensayos para una teoría Sexual”. Ofreció respuestas que el hombre llevaba preguntándose desde que existe la escritura. Antes de la escritura no se puede saber, que le pasaba al humano (hablamos de prehistoria), y antes de hablar no se puede saber que desea el amante, después tampoco. Por hablante se sabe que hay una demanda, un pedido deseante y, no se trata de saciar, sino más bien de poder desplegar el deseo.
Al descubrirse, al producirse el concepto de Inconsciente, (ese lugar donde verdaderamente pensamos y gozamos), al articularse una teoría de los procesos humanos, es decir de los celos, la envida, el miedo, las ambiciones, el asco, las inhibiciones, pero también de la creación, del deseo, del amor, las ambiciones, el asco, las inhibiciones y, también de la creación, del deseo, del amor; al descubrirse el Inconsciente, sabemos cómo es la sexualidad del hombre, de la mujer.
No hay amor sin deseo, es decir hay un amor que es privativo de aquellos sujetos que sean capaces de producirlo para ellos, pero no es algo natural o innato. Algunas parejas se preguntan ¿qué fue de aquel deseo, de aquella fiebre apasionada? Podemos responder que: el sexo no cae, se puede deformar, transmutar, esconderse, disfrazarse pero el sexo no cae.
El otro tipo de amor, el de la especie, el que conlleva la reproducción, ese amor no es un sentimiento propio del sujeto psíquico. Es un sentimiento que la poderosa especie impone al sujeto biológico. Ser padre o madre es una función. Es decir no es necesario tener hijos, para ser padres, así como hay quien tiene hijos y ni sabe, ni puede, ni quiere desempeñar la función. Por ello que los huérfanos, pueden crecer, al igual que los ciegos, pueden ver, porque no es con los ojos de la cara que se ve. Se trata de la mirada, no de la visión, por eso que tenemos la sensación de que el son se mueve, gira alrededor de la tierra, cuando en realidad es la tierra la que gira alrededor del sol, pero nuestros órganos de la percepción nos informan de esa sensación ilusoria.
Desconocemos la propia sexualidad por ser inconsciente. Se puede analizar lo que pensamos de las fantasías, las inhibiciones, las ambiciones, los afectos que son sólo pensamientos. Se puede analizar la relación que cada uno tiene con su propio cuerpo, los sueños, los compañeros. Todos deseamos las mismas cosas, nos diferenciamos en la diferente manera de renunciar, de poner en escena, de llevar adelante nuestros deseos.

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